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Escandalo morado

Escándalo morado

Imagen redactado por
Por: Equipo de redacción
30 de abril 2026
Florero roto

La encontré en medio de la sala con los objetos que decoraban la casa tirados de aquí para allá, como lucen las guarderías a mitad de mañana. Por sus mejillas corrían algunas lágrimas avergonzadas que desaparecían tras la astucia de un pañuelo sucio. Entré con la botella de tequila bajo el brazo; sin decir nada, serví dos copas. Acerqué el trago a su boca decorada con rastros viejos de sangre y bebimos hasta que el cristal quedó seco. Volví a servir, esto, ya lo había vivido.

 

Recogimos todo poco a poco, menos el amor, que ya se había hecho añicos cuando se pusieron las manos encima. Un morado tan fresco como una berenjena relucía en su ojo, se veía cansada, como si llevase años queriendo zafarse de una situación más grande que ella. Él medía metro noventa, usaba trajes y andaba siempre impecable. Nadie sospechó nada; ella se encargó de guardar los problemas en un armario y esconderse bajo las sábanas cuando los gritos despertaban a los vecinos. Nosotros, su familia y amigos, vivíamos demasiado lejos para oírlos. Nos alejó demasiado, nos impuso más distancia que la que guarda un súbdito frente a una reina. Una reina que no sabía poner límites ni esquivar golpes.

 

Lo último que levanté del suelo fueron los restos de un florero Christofle. Al ver la marca, lamenté que ya no sirviera para conservar flores sino para rajar la piel; una raja tan grande como la de una cesárea, pero de la que, en vez de un bebé, se pudiera extraer el amor propio y darle una nalgada para que despertara. ¿Alguna vez lo hará?

 

Una vez que el lugar pareció digno de paz, me juró que el sueño de formar una familia se había mudado de ciudad. Yo sabía que tendría que volver. La próxima vez, la botella de tequila estaría a la mitad. La guardé en la cartera con la esperanza de equivocarme. El morado gritó de obstinación. Parecía estar de acuerdo conmigo.