La muñeca de mango

La tetera hierve, la tetera cruje, la tetera echa vapor, la muñeca no le da importancia.
Era una muñeca de trapo con cuerpo de tetera metálica. Mientras saltaba cuerda improvisada con un hilo pavilo, tropezó con sus débiles pies y cayó. Al principio, sintió que algo se soltó dentro de la tetera pero hizo caso omiso y subió el volumen de la música. Se soltó otro tornillo, pero brincó más alto, y subió de nuevo el volumen. Se zafó el asa donde se sujetaba la tetera y de nuevo, cantó a todo volumen para evitar oír su cuerpo descomponerse, hasta que se rompió y todas las piezas terminaron regadas por el jardín de la abuela, el mismo jardín, en el que la abuela había jurado que si se moría, reencarnaría en forma de árbol.
Los amigos de la muñeca al verla descompuesta, comenzaron a recoger las piezas, una a una, pero al perder la estructura de la tetera, tomaron un mango maduro y comenzaron a añadir a la fruta todo cuanto iban consiguiendo: tapa, tornillos, asa, pico, botones. Ahora, la muñe era una tetera tropical. Las abejas la visitaban y no querían despegarse de ella, y los niños de la cuadra acudían al jardín a tomar té dulce, agua tibia caudal del mismísimo árbol en donde yacía enterrada la abuela.