Regalar libros

Como si la paz nos estorbase y hacer mudanzas fuese placentero, nos invitan a salirnos con frecuencia de nuestra zona de confort. Parece que aquellos que tienen un trabajo estable, llevan una vida tranquila y disfrutan un café por la tarde; son perseguidos por la policía de la productividad y el emprendimiento, porque el ocio y la contemplación son penados. Ya no es permitido quejarse mientras se está tumbado en el sofá, porque saltan los consejos de autoayuda y las invitaciones a saltar la cuerda y trotar. Podemos decir que no, porque perdiendo también se gana, pero ¿por qué nos cuesta tanto decir que no? Quizás peco de hacer esta pregunta en plural y debo hacerla en singular, especialmente en los días navideños donde suelen haber tantos compromisos con amigos y familiares.
Ser un buen amigo tiene consecuencias. No he tenido tiempo de tumbarme toda una tarde a tomar un café y leer un buen libro. Pero la ventaja de los libros es que son pacientes y esperan. Espero que si no sabes qué regalar estas fechas piensen en un libro como un artículo que es capaz de vencer el tiempo. La mayoría de mis lecturas estarán pausadas hasta enero, o lograrán colarse en algún espacio entre celebraciones, compromisos, amigos y familiares, como un buen whisky; el libro hay que beberlo despacito, sin afán, y cualquier excusa es buena para celebrar con una buena historia.
En nuestra historia contemporánea hemos dejado de leer. Pasamos de tener pocas actividades a tener muchas cosas haciendo un clic. El problema de cuando tienes tanto que ver es que realmente no consumes nada. Te llenas de un montón de cosas que no te generan sino dopamina instantánea. Sentarse a leer es en ese sentido es un acto de valentía, las personas rebeldes nos resistimos a ser empujadas por la virtualidad y hacer lo que todo el mundo hace. Somos capaces de aburrirnos, de soñar, pensar, imaginar. También somos capaces de pedir regalos. Si me quieres dar algo, piensa en un libro.